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06.10.2010

Pedir perdón sería una gran hipocresía

Entrevista con Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).

La sexóloga cubana dialoga sobre los logros, experiencias y retos de la isla a favor del respeto a la libre orientación sexual e identidad de género, tras una gira por ciudades europeas para compartir el aprendizaje cubano.

Por: Marta María Ramírez

En Suiza, Castro Espín cumplimentó un apretado programa de conferencias, invitada por la Asociación Suiza-Cuba, la organización humanitaria Asociación de Ayuda Médica a Centroamérica (AMCA) y la asociación Medicuba-Suiza, a fines de agosto y los primeros días de septiembre.


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—Anunciaba en Suiza que la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento unicameral) discutiría en 2011 la propuesta de reformas al Código de Familia [1], vigente desde 1975. ¿Cuáles son las expectativas?


—En el pleno del Comité Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas ( FMC ) [2] ,a fines de julio último, se nos informó que finalmente, en 2011, se va a presentar a la Asamblea la propuesta de modificaciones al Código de Familia.
La noticia me llenó de alegría, pero también de responsabilidades porque tenemos que trabajar más concentradamente en lograr convencer a asambleístas.
Esta es una cuestión de derechos y el Estado y el gobierno tienen la obligación de garantizarlos, independientemente de que la población los haya entendido o no, porque el proceso de comprensión es mucho más lento. Tiene que ver con un acompañamiento educativo que el gobierno debe facilitar mediante las estrategias y campañas de bien público, coordinadas por el CENESEX, y que tan saboteadas han sido. Aunque debo reconocer que cada año crece el apoyo de instituciones, organizaciones y personas.
Ahora tenemos que ser muy inteligentes para tratar de persuadir, para que entiendan que no es un capricho de nadie. Tampoco se trata de una búsqueda personal de ninguna de las personas que trabajamos esta estrategia. Queremos una sociedad plenamente justa y no, morir sin llegar a verla.
¿Los derechos de las personas por el color de su piel, por las características corporales que lo identifican como raza no se amparan con la ley? y ¿los de las mujeres no hay que protegerlos con la ley, aunque la población no esté convencida y no haya cambiado sus prejuicios? ¿Por qué no podemos hacer lo mismo con las personas homosexuales, bisexuales y transgénero?
Si una virtud debe tener una sociedad socialista, es la capacidad de abrir los caminos. Ese es el socialismo con el que yo me identifico. No, con aquellas experiencias llenas de prejuicios y dogmas que nos han servido de referencia.

—Las reformas al Código de Familia beneficiarán a toda la población cubana, ¿por qué la resistencia?

—Presentamos para su consulta en tres comisiones permanentes de la Asamblea Nacional, una estrategia integral para la atención a las personas transexuales. Justamente en esas consultas, un legislador nos sugirió incluir a las personas homosexuales que tanto habían sufrido, apoyado por otros legisladores.
En ese momento, la FMC nos sugirió que, además de presentar una propuesta de Ley de identidad de género, integráramos los derechos de homosexuales y transgéneros a las modificaciones del Código de Familia, elaboradas hacía más de 15 años, porque es una ley civil de amplio alcance que beneficia a más personas. Las reformas incluyen, además, los compromisos internacionales, de los que Cuba ha sido signataria, con relación a los derechos de la mujer, a los derechos de las niñas y los niños… Pero alguna gente se ha centrado, desde sus prejuicios e ignorancia, en el aporte que estamos haciendo a los derechos de las parejas homosexuales, cuando en realidad estamos beneficiando a toda la familia cubana.
Esas personas nos están frenando y las hago responsables, aún cuando ni siquiera nos dan la cara para debatir. Quien tenga dudas que nos convoque a dialogar.
Por eso queremos conversar con la mayor cantidad de legisladores posibles para aportarles argumentos, informaciones científicas y testimonios del sufrimiento de esta parte de la población, que les ayuden a esclarecer sus dudas con relación a nuestras propuestas.
Yo comprendo que en estos momentos la sociedad cubana está concentrada en reformas fundamentales para nuestra supervivencia como nación soberana y en ofrecer garantías de bienestar para nuestro pueblo. Pero me resulta difícil aceptar que este argumento se utilice para seguir retrasando las reformas al Código de Familia.
Y no vamos a parar porque tenemos esta responsabilidad. Estamos convencidas y convencidos de que este es parte de nuestro aporte al proceso revolucionario cubano, a lo que esperamos del socialismo, que debe respetar todos los derechos que seamos capaces de identificar, mediante mecanismos participativos.

—Cuba se sumó con sus particularidades, ainicios de este año, a la Campaña por la despatologización de la transexualidad [3] , ¿cómo se presentó el tema en estos intercambios?

—En Cuba, para ir al médico no hay que estar enfermo, con tener un malestar basta. Entonces, por qué tenemos que considerar que las personas transexuales para acudir a los servicios de salud en busca de ayuda, acompañamiento, esclarecimiento o lo que necesiten, tienen que estar enfermas.
En el caso de las personas transexuales, existen malestares generados desde los esquemas culturales establecidos socialmente. Eso las lastima y las hace vivir en permanente contradicción, por lo que necesitan ayuda profesional.
En el ámbito microsocial no lo pueden resolver sin apoyo. Por eso hay que tener servicios especializados para darles acompañamiento y atención, que es lo que hemos hecho en Cuba. Y eso no significa que haya que considerarlas enfermas.
Como mismo desde las ciencias médicas se inventaron razones para afirmar que la homosexualidad era un trastorno mental y, en 1974, un consenso de la Asociación Americana de Psiquiatría estableció lo contrario, podría hacerse con la transexualidad.
Desde los esquemas mentales predominantes, los seres humanos, cada vez que encontramos algo "raro", algo que no entendemos, que no conocemos bien, que nos asusta por ignorancia y manipulación, vamos al médico. Y, desgraciadamente, la omnipotencia de algunos profesionales de la salud nos asegura que llegamos al lugar indicado para resolver nuestros “problemas”.
Es el poder que les arrebataron a las curanderas, parteras, sacerdotisas, acusándolas de brujas y herejes para apropiarse de su sabiduría, del poder sobre la vida y la muerte. Cuando se reconoce la medicina como ciencia, las mujeres quedaron excluidas. Ya estaban descalificadas. Los prejuicios infundados en la historia de la humanidad han perseguido ese objetivo siempre: quitar oportunidades para obtener más privilegios.
Si, además, patologizar a la persona transexual, llena el bolsillo…, no quieren perder al cliente transexual, como ocurre con muchos especialistas inescrupulosos. Por supuesto, encuentras a otros profesionales que están tratando de ser objetivos en sus análisis y de ser, sobre todo, humanos.
La persona transexual ha existido siempre, con nombres y estatus diferentes desde las interpretaciones de cada cultura. Pero el término fue creado en el ámbito de las ciencias médicas occidentales. Y, como no respondía a los criterios de normalidad establecidos para los patrones de género masculino y femenino, se consideraba una patología, principalmente por los malestares que les creaba al no ser socialmente incluidos.
El conflicto de la persona transexual es de género. Por eso, con la estrategia que estamos trabajando en el CENESEX, insistimos en que se trata de un conflicto creado por la cultura dominante: desde lo más profundo de su ser sienten pertenecer al género con el que la sociedad no los identifica, por no coincidir con la morfología de sus genitales; otro esquema mental.
Eso es lo que observo en la resistencia a despatologizar la transexualidad. Se crea una especie de feudo de poder sobre la persona transexual que le quita libertad y oportunidades, porque decide lo que puede y lo que no puede hacer y qué derechos le das y cuáles le quitas.
Son perversos los mecanismos que se han implementado en muchos países, sobre todo en el ámbito de la medicina privada, para atender a las personas transexuales.
Fíjate que, en Cuba, este proceso de atención a personas transexuales ha sido todo un aprendizaje [4] . Nos hemos dado cuenta de que tenemos que cambiar las palabras que empleamos para nombrar los procesos que desarrollamos. Nosotros no diagnosticamos la transexualidad, porque no la consideramos una enfermedad. Decimos que identificamos y, más bien, que acompañamos profesionalmente a estas personas para esclarecer qué sienten, qué necesitan, y cómo se identifican. Es un proceso en el que la persona participa activamente.
Trabajamos en función de que sean felices, de no ponerlas ante tantas dificultades, principalmente cuando estas sirven para quitarles derechos, oportunidades y hacerlas sufrir. Esto es lo que orienta nuestro rol profesional e institucional, lo que nos ha llevado a tener una mirada social y desde el derecho, a superar los esquemas estrictamente biologicistas y patologizadores, que han predominado en la comprensión de la transexualidad.
Pienso que este es el aporte principal que hacemos desde el CENESEX a la atención de las personas transexuales: su inclusión en las políticas sociales.
Todo esto lo expliqué en mis conferencias. También, en el intercambio que tuvimos con los grupos de algunos partidos políticos alemanes que se ocupan de la diversidad sexual —Social democracia, Die Linke (partido de la izquierda) y el Partido Comunista— y con grupos de activistas y profesionales que están haciendo una ley para beneficiar y garantizar los derechos de las personas transexuales. Ellos tienen una gran preocupación de que, al aceptar la despatologización de la transexualidad, les pase lo mismo que en Francia: no se reconozcan sus derechos para la atención especializada como transexuales en la salud pública. Están en la búsqueda de soluciones. Por eso les interesa tanto nuestra experiencia.

—El 31 de agosto último, el diario mexicano La Jornada publicó una entrevista a Fidel Castro, en la que el líder de la revolución cubana asumió la responsabilidad de la discriminación a las personas homosexuales en la isla, a inicios de la revolución cubana. ¿Qué opina?

—Siento decir que no estoy de acuerdo con Fidel. Yo lo respeto. Respeto que él, como caballero de su época y con su espíritu quijotesco, asuma la responsabilidad por ser el máximo líder. Desde ese lugar, lo comprendo.
Es cierto que cualquier idea suya era tomada como orientación por el pueblo, tanto que en esa época le decían: “Fidel, Fidel,dinos qué otra cosa tenemos que hacer”. Ser líder es una gran responsabilidad, pero Fidel no era el genio de la lámpara para descubrir que la homosexualidad no era una patología, como establecían la psiquiatría y otras miradas científicas en el mundo; mientras las autoridades eclesiásticas la satanizaban, y coincidían en que había que cambiar a estas personas con terapias, charlas o como fuera.
Para colmo, existía el criterio de que el trabajo ayudaba al hombre a adquirir valores humanos, y dominaban los que apuntaban a tener una actitud dura hacia la homosexualidad, sobre todo con la homosexualidad masculina, para ayudarlos a “hacerse hombres”. Todavía hay quienes piensan que “el homosexual no es hombre, porque lleva por dentro la debilidad de la mujer”. Imagínate lo que significa ser mujer, después de 50 años de revolución.
Esas eran las ideas dominantes. Y dentro del mundo homosexual incluían a transgéneros, transexuales, travestis, transformistas, por la ignorancia que existía en ese tiempo, que todavía no hemos logrado superar en todos los ámbitos sociales.
La cultura homofóbica y machista, heredada fundamentalmente del dominio colonial español, ha condicionado las relaciones humanas y las decisiones políticas. La creación de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) [5] ,es un reflejo del manejo social de esos prejuicios.
En medio de la locura que vivía la revolución, no todo el mundo sabía qué respuestas dar a tantos problemas. Se estaba construyendo una experiencia inédita en este continente y amenazada internamente por la lucha de clases y, externamente, por los atentados terroristas organizados y financiados por los gobiernos de los Estados Unidos, la invasión de Bahía de Cochinos, el bloqueo y el aislamiento.
El propio líder máximo estaba elaborando soluciones a partir del diálogo con la población. Y en un proceso de cambio tan radical y complejo, no todo queda organizado y establecido. Cada cuál actuaba desde su punto de vista y desde sus propios aprendizajes.
Fidel ni siquiera estaba al tanto de las UMAP. Vivía concentrado en la supervivencia de la revolución y en los cambios que se estaban haciendo en la política, las leyes en favor de los derechos del pueblo, dentro de complejas y tensas relaciones internacionales.
A partir del trabajo que estoy realizando ahora, especialistas que trabajaban en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ministerio del Interior (MININT) en aquel tiempo, se han sentido motivados a contarme sus experiencias. Me han comentado que, tan pronto llegaron a la máxima dirección de la revolución las quejas de la población con relación a las UMAP, se hizo una investigación minuciosa desde la dirección política de las FAR sobre lo que estaba pasando, que llevó a la clausura de las UMAP, en 1968.
Pero estos tres años fueron suficientes para dejar lastimados a muchos seres humanos, que mientras no elaboren lo vivido, no van a procesar ese sufrimiento. Sería muy saludable hablar sobre lo ocurrido, analizarlo, no sólo en el plano personal sino también socio-histórico. Creo que tendríamos que hacerlo.
Pedir perdón sería una gran hipocresía. Es como quitarse la responsabilidad de encima. Al pedir perdón, se pone punto final y no se habla más del tema. Pero hay que afrontarlo, hay que concientizarlo, hay que elaborarlo, para aprender. Me alegro que aquí no se pida perdón, sino que se traten de establecer reglas y leyes para que nunca más ocurra. Por eso hacemos educación sexual y de género, campañas educativas por el respeto a la libre orientación sexual e identidad degénero, para que la población aprenda y supere los prejuicios que condicionan las diferentes formas de discriminación que aún subsisten en nuestra sociedad.
Si los prejuicios prevalecen, algún día emergerán de manera feroz el odio masivo y la discriminación. Núremberg [6] no fue suficiente para desterrar en antisemitismo y otras formas de discriminación de las que fueron víctimas millones de personas no arias, comunistas, gitanas, homosexuales, transgénero, discapacitadas y otras poblaciones. ¿Cuánta gente tiene que pedir perdón en lahistoria de la humanidad? Los españoles por la reconcentración de Weyller [7] , por el sistema colonial; los estadounidenses por el bloqueo, por el terrorismo de Estado, las guerras de rapiña y por todo lo que le han hecho al mundo; la Iglesia católica por la Santa Inquisición; Europa por el tratamiento injusto a inmigrantes y mujeres, por las millones de brujas condenadas a la hoguera, por los recientes vuelos secretos para trasladar a personas inocentes al ilegal campo de concentración de Guantánamo. Y, ¿cuándo los hombres pedirán perdón alas mujeres?
Sinceramente, que no pidan perdón, que abandonen la hipocresía, que destierren la injusticia social y todas las formas de discriminación.

logo_hxd.jpg—También coincidiendo con su estancia en Suiza, se concretó en La Habana un viejo anhelo del CENESEX: la creación de un grupode hombres, Hombres por la Diversidad (HxD). ¿Por qué es este el momento?

—Hace tiempo necesitábamos crear el espacio de reflexión de hombres homosexuales y bisexuales.
Trabajábamos con algunos colaboradores que comenzaron a hacer activismo. Así surgieron iniciativas como la sección de Diversidad sexual, de la web del CENESEX, y como sección científica de la Sociedad Cubana Multidisciplinaria de Estudio de la Sexualidad (SOCUMES), las Jornadas por el día Internacional de Lucha contra la Homofobia, espacios como el Cine Club Diferente y cursos de Educación Popular, que solicitó el CENESEX al Centro Martin Luther King Jr. para preparar activistas por los derechos sexuales en esta metodología participativa de Paulo Freire. Finalmente se organizó el primer grupo de formación para hombres activistas por los derechos sexuales.
Creo que hemos dado un paso importantísimo con este primer curso. Ha sido un proceso muy enriquecedor. Se habían identificado hombres que desde hace tiempo colaboraban como activistas de manera independiente. Se les convocó y asistieron al curso.
Algunos fueron identificados en los debates públicos de las Jornadas cubanas por el Día Mundial de Lucha contra la Homofobia. Ellos participaban con sus criterios e iniciativas.
Es cierto que existía desde el año 2000 el proyecto HSH-Cuba, del Centro Nacional de Prevención de lasITS/VIH/sida, con un trabajo maravilloso. Pero ahora, además de ese espacio, se crea este grupo con otro programa, centrado principalmente en la promoción de los derechos sexuales y la no discriminación.
En el CENESEX se acogen y gestan muchas ideas. Por ejemplo, el espacio para formar a promotoras de salud sexual transgénero con énfasis en la prevención del VIH, fue propuesta de nuestra estrategia, aceptada y enriquecida por sus participantes. Después les propusimos formarse como activistas por los derechos sexuales.
En el caso de las mujeres lesbianas y bisexuales, fue iniciativa de un grupo de mujeres en Santiago de Cuba, en 2002, que luego se llamaron Las Isabelas. Posteriormente surgieron Oremi, en Ciudad de La Habana, y Fénix, en Cienfuegos.
La FMC las atienden directamente, porque ellas también son federadas. La peculiaridad es que se han convertido en una red de trabajo vinculada al CENESEXy a la FMC para temas específicos.
Existe un espacio de reflexión coordinado por una profesional para familia de personas transgénero que ha tenido muy buenos resultados. Y se está gestando el de familias activistas y solidarias con las personas lesbianas, gay, bisexuales y transgénero (LGBT).

—¿Qué fue lo más enriquecedor del viaje a Suiza, de esta pequeña gira por países europeos?

—Definitivamente, el intercambio con la gente que resultó muy interesante, rico y sincero. Incluso con la prensa sucedió algo similar: en algunas ocasiones debatíamos y luego hacíamos la entrevista o sólo lo primero.
En Suiza, las conferencias se llenaron, algo que sorprendió a sus organizadores. Hubo una gran participación de suizos, pero también de latinoamericanos, exiliados políticos que viven allí hace muchos años y españoles (comunistas repatriados de la época de Franco); otros de más reciente emigración, procedentes de Colombia. Me dio mucha satisfacción encontrarme con residentes de Cuba en estas ciudades, que integran las asociaciones de amistad.
Tenían mucho interés en saber, independientemente de las habituales preguntas políticas, sobre la situación cubana actual, el levantamiento del bloqueo económico, financiero y comercial contra la isla y la situación de los cinco luchadores antiterroristas cubanos prisioneros en Estados Unidos.
Además, se mostraron muy interesados en la estrategia que sigue Cuba para garantizar los derechos de las personas transexuales, porque nos consideran el país más avanzado en el plano de las políticas sociales y del acceso a la Salud Pública.
Fue un programa muy apretado que no me permitió conocer Suiza. Así que tengo otro pretexto para regresar.

—¿Cómo evalúa el trabajo del CENESEX con Cosude?

—El trabajo con Cosude ha sido muy bueno y orgánico. Son realmente facilitadores de lo que nuestra institución identifica como necesidades de desarrollo. Hemos hecho pequeños proyectos, pero muy valiosos. Además de la promoción de salud sexual desde un enfoque de derechos y género, hicimos la serie animada en tercera dimensión,“Dados a la diversidad”, que presenté en Suiza y tuvo una gran acogida, sobre todo al conocer que contaba con el apoyo de Cosude.



[1] Las reformas incluyen la prevención y atención mejorada de la violencia de género y el abuso sexual infantil, de la protección a las víctimas; la flexibilización de elementos vinculados a la patria potestad y la adopción de niñas y niños. El elemento totalmente nuevo es la inclusión del respeto a la libre orientación sexual e identidad de género, a la dignidad de esas personas, en la familia y en todas las instituciones sociales, para garantizar que no haya discriminación. Además, se propone el reconocimiento de la unión de parejas homosexuales.

[2] La FMC es una Organización No Gubernamental (ONG) con Status Consultivo ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), que agrupa a unas 3800 000 afiliadas, aproximadamente 82% de mujeres mayores de 14 años, requisito indispensable el ingreso. Fue liderada por Vilma Espín, desde su fundación en 1960 hasta su muerte en 2007.

[3] El 22 de enero de 2010, Cuba se suma, con sus particularidades, a la Red por la despatologización de la transexualidad. La Comisión Nacional de Atención Integral a Personas Transexuales, del Cenesex, propuso a la sección de Diversidad Sexual de la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (SOCUMES), la adopción de esta declaración.

[4] Por la Resolución No. 126 del Ministerio de Salud Pública (2008), Cuba estableció un centro de atención a la salud integral de las personas transexuales, como la única institución en el país autorizada para realizar tratamientos médicos totales o parciales de cambio de sexo. El documento establece todos los procesos de cuidado de las personas transexuales, incluida la cirugía de adecuación genital.

[5] Las UMAP fueron creadas el 19 de noviembre y cerradas en 1968. Según datos divulgados, durante estos tres años fueron reclutados para esta modalidad de servicio militar, en diversos campamentos de la oriental provincia de Camagüey, fundamentalmente jóvenes en edad militar, entre los cuales se encontraban religiosos y homosexuales.

[6] Finalizada la II Guerra Mundial, en 1947 la ciudad de Núremberg fue escenario de los Juicios de Núremberg que culminaron con la condena de varios líderes nazis.

[7] Valeriano Weyller fue nombrado capitán general de Cuba en febrero de1896, con órdenes de frenar a los independentistas mambises. Para lograr su objetivo ordenó el encierro forzoso de la población rural del occidente cubanoen campos de reconcentración. Se estima que para diciembre de 1896 unas 400.000 personas civiles eran reconcentradas. Las cifras de muertes se calculan entre750.000 y 1.000.000 de personas.


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